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Sam & Max Episode 4: Abe Lincoln Must Die!
Una bala en el teatro
El sistema de juego de Sam & Max parece estar teniendo bastante éxito. La idea de Telltale Games, para aquellos que todavía no lo sepan, es- en lugar de desarrollar un solo juego- partir su juego en diversos episodios, creando una serie de miniaventuras cortas auto-conclusivas con un pequeño hilo argumental que las enlaza todas. En el primer capítulo, Sam & Max se enfrentaron a Brady Culture, un hortera hipnotizador que pretendía dominar a todo el mundo con vídeos de auto-ayuda, en el segundo, una presentadora de televisión encerraba a su público en un show de tarde inacabable, y en el tercer capítulo la mafia de los juguetes debía ser investigada por los dos policías freelance.
Para el cuarto episodio- el antepenúltimo de la serie- la cosa ha escalado un poco más alto, y esta vez Sam & Max tienen que enfrentarse nada más y nada menos que al mismísimo presidente de los Estados Unidos, que se ha vuelto completamente loco. De este modo, la misión de Sam & Max es conseguir acceder a la Casa Blanca para pararle los pies al presidente y a sus proposiciones estúpidas. Evidentemente- en el humor surrealista al que nos tiene acostumbrados la saga- el argumento irá escalando en su humor surrealista hasta llevarnos a presentar a Max, el conejo megalómano psicópata, a las elecciones. Vale decir que el guión de este episodio es el más absurdo de la saga, lo cual ciertamente es algo positivo. Si en el tercer capítulo había descendido el nivel con respecto al crescendo humorístico de la segunda parte, aquí nos encontramos con el episodio más cómico hasta ahora, con ideas absolutamente desquiciadas e incluso un número musical. Además, la acidez del guión es ahora más elevada que nunca, haciéndose críticas muy agudas al sistema electoral norteamericano.
Aunque los primeros tres capítulos fueron desarrollados antes de las primeras críticas, este último ha sido desarrollado posteriormente, lo cual implica que se puede comprobar si Telltale Games ha hecho caso a las críticas, que situaban como defectos principales la escasa duración de los episodios y la dificultad terriblemente baja de los enigmas a resolver. Lo cierto es que hasta ahora la mayoría de puzzles de los juegos se podían resolver incluso en un estado etílico avanzado, pues de tan obvios la cosa perdía cierta gracia. Esta vez el nivel de dificultad se ha elevado bastante, llevando a unos puzzles que sin ser excesivamente retorcidos, obligan un poco más al jugador a explorar y deducir soluciones. Mientras que antes la cosa era demasiado fácil y corta, esta vez el cuarto episodio nos va a poner las cosas un poco más difícil, lo cual es un cambio positivo, pues en ningún momento se cae en el puzzle absurdo, estúpido e irresoluble que tan mala fama ha dado a algunas aventuras gráficas. Y no, tampoco hay puzzles de mover bloques, que no tiemble nadie.
El apartado sonoro y gráfico se mantiene con respecto a las anteriores entregas. Como siempre, los gráficos cuentan con un estilo de dibujo animado con pocos detalles y polígonos, lo cual en absoluto implica que el juego tenga mal aspecto: las animaciones son excelentes, y el juego puede funcionar en los ordenadores más viejos gracias a sus pocos requisitos y una optimización cuidada. Sólo se lamenta que no se pueda subir la resolución más allá del 1024, puesto que algunos ordenadores más nuevos ciertamente podrían mover el juego al máximo. El doblaje sigue teniendo un nivel altísimo, con los personajes sobreactuando tal y como conviene a un juego de estas características. Las melodías siguen ambientando correctamente, y aunque ninguna resulte especialmente memorable, como banda sonora funciona perfectamente.
En resumen, se trata por ahora del mejor juego de la saga, y se ocupa además de atar unos pocos cabos que quedaron sueltos en su momento, aunque dejando la intriga colgando para la siguiente entrega, Reality 2.0. El juego es francamente recomendable, es bueno ver que Telltale se esfuerza cada vez más.
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