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Final Fantasy V
Cristales fragmentados
Pese a que comercialmente Game Boy Advance tiene su muerte certificada desde hace ya algún tiempo, la llegada de las conversiones de Final Fantasy V y Final Fantasy VI, dos J-RPGs de vieja escuela, representantes de la edad dorada del género, consiguen que saquemos de nuestro cajón nuestra Game Boy Advance/SP/Micro, y podamos disfrutar con una experiencia de juego de vieja escuela, muy completa, y por motivos de distribución en la etapa 16 bits, inédita en nuestro continente.
Si en la actualidad la serie Final Fantasy está buscando una nueva identidad, con renovaciones intensivas del motor de combate, algo que ha comenzado en Final Fantasy XII de PlayStation 2, y que promete elevar aún más el grado del cambio en Final Fantasy XIII, integrante de la subserie Fabula Crystallis Nova, el juego que nos ocupa es un exponente del clasicismo y las normas de identidad de la serie antes de su salto a PlayStation.
El argumento de Final Fantasy V Advance se vuelve a centrar en los cristales elementales, poseyendo una ambientación medieval, combates aleatorios por turnos, invocaciones, y presencia de los clásicos chocobos y del indispensable personaje Cid. El próximo viernes llega de forma oficial a España este título, y en VicioJuegos hemos tenido oportunidad de jugar largo y tendido y disfrutar de su magia, aún viva, casi quince años después de que apareciera en Japón.
El equipo responsable original incluye figuras como Hironobu Sakaguchi en la dirección, Yoshitaka Amano en el diseño de personajes, Yoshinori Kitase e Hideo Minaba como diseñadores de escenarios, Nobuo Uematsu en la tarea de composición musical, Tetsuya Nomura realizando diseños para los gráficos de los combates, lo que conforma un auténtico equipo de ensueño.
Final Fantasy V Advance arranca con una estremecedora catástrofe. El cristal del Templo del Viento, ubicado en el reino de Tycoon, se ha desquebrajado, lo que hace tambalearse los cimientos del mundo, apoyado en los cuatro cristales elementales: Tierra, Agua, Viento y Fuego, que sirven como fuente de energía para posibilitar el uso de máquinas, y prosperar de forma más cómoda y menos sacrificada. Con un espíritu ecologista, como ocurriera posteriormente con Final Fantasy VII, la sobreexplotación de estos recursos naturales puede provocar que el mundo cambie radicalmente, haciendo que el viento cese de soplar, los terremotos asolen la tierra, o que el agua no pueda fluir.
Un antiguo y olvidado mal trata de salir de su encierro, y el peligro acecha la integridad de los cristales, un mal que golpeará en pleno rostro a nuestro protagonista principal, Bartz Klauser, un joven huérfano, con unas dotes de espadachín nada despreciables, fruto del entrenamiento con su fallecido progenitor. Justo coincidiendo con el incidente de Tycoon, un temblor de tierra y la caída de un meteorito proveniente del espacio, prácticamente aplastará a nuestro héroe.
Pese a las indicaciones de Lenna Charlotte, la heredera al trono de Tycoon, su padre ha partido hacia el Templo del Viento. El mismo temblor que azotó a Bartz, hace prever lo peor a Lenna, quien se dirige hacia el lugar hacia donde su padre partió con el dragón. Lenna se encuentra pronto con Bartz, y sin darse cuenta se verán atrapados en un tremendo complot que amenaza todos los cristales del mundo. De momento, la caída del Templo del Viento ha provocado que los barcos de vela no puedan navegar, trastocando las relaciones comerciales, el abastecimiento de las ciudades, y la posibilidad de viajar a diversas zonas.
La caída de nuevos meteoritos en la cercanía de los templos elementales, acompañadas con la aparición de nuevos protagonistas, como el anciano Galuf Doe, azotado por la amnesia, así como el peculiar capitán pirata: Faris Scherwiz, termina de conformar el cuarteto de protagonistas del título. Poco a poco conseguimos descubrir el origen del mal, aunque eso deberéis comprobarlo por vosotros mismos.
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