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Driver: Parallel Lines
Recorriendo el pasado
Driver: Parallel Lines se presenta en la consola de nueva generación de Nintendo tras estrenarse en marzo de 2006 en PS2 y compatibles. El carisma y la presencia que proporcionó el primer Driver de la serie han ido perdiendo fuelle a lo largo de las distintas entregas que han conformado esta franquicia, desaprovechada por el afán de seguir la fórmula GTA. El verdadero origen de Driver eran las misiones en coche, las carreras frenéticas y los saltos imposibles que se obtenían en mayor o menor medida mientras improvisábamos con la policía pisándonos los talones. En este sentido podemos decir que en este Driver para Wii ese espíritu encuentra similitudes con el original de algún modo, pero parece quedar patente que nadie quiere arriesgar demasiado proporcionando un modo de juego e historia que se aparte de lo ya manido cientos de veces. En este sentido, el Parallel Lines que se publicó en PS2 resultó ya un juego no muy destacable y el hecho de haberse estrenado en la consola de Nintendo tarde ha evidenciado sobremanera sus puntos débiles, que son los que más afianzan su presencia a lo largo del desarrollo de la historia.
En Parallel Lines dejamos los tortuosos caminos de la vida de Tanner para sumergirnos en las aventuras de The Kid, un joven que resulta ser un maestro al volante de cualquier vehículo lo que desencadena una serie de misiones que nos encargan cabecillas con problemas en sus filas, como Slink, para el que trabajaremos incialmente. Los vehículos siempre han sido pieza clave de los Driver, y aquí no iban a ser menos. Se nos ofrece un garaje en el que podemos seleccionar, modificar y guardar vehículos a través del dinero que ganamos en las misiones principales o las secundarias que se encuentran repartidas por el mapeado de la ciudad, algo prácticamente necesario teniendo en cuenta que la mayoría de misiones que se nos encargan son al volante, y sólo algunas a pie.
La historia narrada por el propio protagonista, nos sitúa en el Nueva York de los años 70 con TK empezando a labrarse un nombre y una presencia en las calles de la ciudad, una ciudad que no ha sufrido modificaciones con respecto a las otras versiones y que se nos presenta con una ambientación aceptable de los años 70. Coches, peatones, música... todo intenta transportar al jugador a esa época y aunque de alguna forma lo consigue, falla estrepitosamente al presentar unas texturas muy pobres y unos modelos de coches y ciudadanos excesivamente repetitivos. No será extraño ver pasear por las calles a peatones idénticos en cada esquina, lo que transmite una sensación de 'ciudad clónica' y fracasa en el objetivo que debe proporcionar una ciudad y sus calles en un videojuego: variedad y vida propia.
Tras su ingreso en la cárcel por motivos que no vamos a desvelar, es liberado en la época actual y la verdad es que el cambio en el estilo de la ciudad es notorio. Se respira un ambiente distinto, un cambio de época. Ahí es donde The Kid deberá empezar de nuevo y limpiar su nombre.
Las misiones, aunque están claramente inspiradas en la gallina de los huevos de oro de Rockstar, sí presentan suficiente variedad como para que el entretenimiento siga presente a lo largo de todo el juego, mérito acentuado por el hecho de que la mayoría deben cumplirse conduciendo.
Lo cierto es que este Driver: Parallel Lines ofrece una adaptación aceptable a Wii, el protagonismo de la cual se lo lleva el control que si bien no está mal implementado, en ciertas ocasiones puede jugarnos malas pasadas.
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