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Tenchu Z
El castigo divino llega a la next-gen
Familia de ninjas
Con la llegada de Ninja Gaiden Sigman a PlayStation 3, Xbox 360 se quedaba sin ningún título protagonizado por ninjas, pero From Software (Enchanted Arms, Armored Core) ha colaborado para traer Tenchu a la consola, con la ayuda de K2, desarrolladores de los últimos capítulos de la saga. Tenchu nació en 1998, hace ya bastante tiempo, y ha pasado por un gran número de consolas, aunque es en los últimos años cuando la edad ha empezado a hacer mella en él. En Xbox 360, a pesar de no llegar a ser un juego notable, cumple bastante bien su cometido manteniendo la esencia.
En Tenchu el principal objetivo es completar la misión sin ser visto, ser una sombra en la oscuridad para nuestros enemigos. Claro está que habrá algunos que quieran usar la fuerza bruta para llevar a cabo su cometido, pero entonces no disfrutarán de su esencia. Desgraciadamente, el eje entorno al que gira el juego, lleva bastantes años en funcionamiento y ya se nota el paso del tiempo en él, lo que da lugar, si la compañía no pone remedio dándole un giro al concepto, manteniendo siempre lo esencial, a que los siguientes juegos bajo el nombre de Tenchu vayan perdiendo su calidad a marchas forzadas. En Tenchu Z ya se aprecia este comportamiento.
Historia
La historia de Tenchu Z pasa bastante desapercibida y no está para nada bien hilada. El planteamiento del principio es que estamos en plena guerra civil (lo cual no se percibe en el ambiente) y dos países están en tensión: Goda, cuyo líder es Matsunoshin Goda, es el país al que pertenecemos, y Ogawara, controlado por el clan de mismo nombre, que está preparándose para levantarse ante Goda con un gran ejército.
Bajo esta premisa comienza Tenchu Z y las continuas disputas entre ambos países se ven patentes en las misiones que tenemos que realizar. Sin embargo, las misiones tan sólo narran el problema que hay en el momento, el cual tenemos que solucionar mediante nuestras artes sigilosas, pero la historia en sí no avanzará para nada durante la mayor parte del juego, quedándose estancada en el planteamiento original hasta el final del juego.
Al comienzo del juego, tenemos que seleccionar nuestro propio personaje y personalizarlo a nuestro gusto. En este momento hay muy poca variedad de elementos a cambiar del protagonista (el sexo, la cara y el cuerpo), pero cuando ya empecemos la aventura, podremos retocarlo como queramos con un gran abanico de posibilidades (pelo, cara, cuerpo, piernas, vaina, etc.). A la misma vez elegimos a nuestro/a compañero/a, aunque su misión tan sólo sea aparecer en algunas escenas de vídeo y decir una única frase en posición cool.
Con nuestro personaje a punto, es la hora de equilibrar sus características físicas (vitalidad, fuerza y agilidad). Esto, en un principio, no sirve para mucho, pero cuando tengamos la partida más avanzada, con nuevas habilidades, habrá que modificarlo según nos convenga para poder equipárnoslas. Aquí empieza la partida y nos encontramos en una porción de pueblo, limitada por todos los lados, con tan sólo dos casetas. A la izquierda, la tienda, donde podemos comprar ropa, objetos y habilidades, y a la derecha una habitación con Rikimaru sentado sobre un tatami.
En las anteriores entregas de la saga, Rikimaru, ahora líder de los ninjas Tonin-ryu, era el personaje principal, pero en Z, para desgracia y tristeza de los seguidores de sus hazañas, no se moverá del sitio, y tan sólo es el encargado de encomendarnos las misiones e instruirnos en el milenario arte del sigilo y la oscuridad.
Todo el carisma que tenían los personajes de los pasados juegos ha sido sacrificado para que el jugador tenga a su disposición un gran abanico de posibilidades para personalizar al protagonista. Como ya hemos dicho antes, es una pena perder a los anteriores ninjas que hace tiempo pudimos controlar (Ayame, Rikimaru, etc.) en sustitución por una caracterización muy grande, pero que, con la paupérrima calidad gráfica del juego, no se puede disfrutar del todo.
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