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Lylat Wars
We're StarFox!
Diez años han pasado desde que Lylat Wars saliera a la venta y todavía queda un buen recuerdo en la mayoría de jugadores. No sólo como producto sino como el mejor representante de una saga víctima del afán innovador y prestamista de Nintendo. No se le puede negar a Nintendo grandes y buenos resultados a la hora de experimentar con algunas sagas o prestar sus licencias a terceros (solo hay que recordar los maravillosos Zelda que desarrollo Flagship), pero los seguidores del universo StarWing hemos visto deambular Adventures, Assaults y Commands con más pena que gloria mientras echábamos la vista atrás recordando el primer StarWing para Super Nintendo y, en mayor medida, este Lylat Wars de Nintendo 64. Veamos por qué.
El pretexto para ponernos a los mandos del juego (conocido popularmente como historia) nos cuenta como se han detectado extrañas actividades en el planeta Venom, dentro del sistema Lylat. El planeta gobernante, Corneria, envía el equipo StarFox para investigar el asunto. Una vez allí, uno de los miembros del equipo, Pigma Dengar, traiciona a sus dos compañeros, James McCloud y Peppy Hare, que son capturados por Andross, un científico exiliado por el gobierno de Corneria. Peppy logra escapar, pero James jamás volvió. Años más tarde vuelve a detectarse una actividad inusual en el mismo lejano planeta y el nuevo equipo StarFox viaja para investigarlo, esta vez formado por Falco Lombardi, Slippy Toad, Peppy Hare y Fox McCloud, hijo del desaparecido en combate James McCloud y nuestro avatar en el juego.
¡En formación!
Lo primero que llama la atención en el juego es que no viajamos solos por los muchos planetas del sistemas Lylat, sino que el citado equipo StarFox combate a nuestro lado. Esto se traduce en una comunicación constante por radio con ellos que invita a sumergirse en la experiencia de juego como si estuviéramos en la mismísima cabina de la nave. Nos aconsejarán sobre los enemigos, elogiarán nuestro estilo de vuelo o, lo más frecuente, pedirán que le quitemos esas naves que tienen en cola. No en vano casi todos los jugadores acaban odiando a Slippy Toad por su tremenda facilidad para que se pongan detrás de su nave. Ni qué decir que podemos mandar nosotros mismos a Slippy al infierno, pero no es recomendable (aunque sí gratificante).
Y es que estos compañeros no son simples naves florero y cobran una tremenda importancia en el sistema de rutas del juego, del que hablaremos más adelante. Ellos también tienen energía y si son alcanzados muchas veces se les averiará la nave y no aparecerán en el siguiente planeta mientras se la reparan. Y puede darse el caso de que ese miembro tenga un papel importante en ese lugar, para desgracia nuestra y suspiro de alivio de Slippy (aunque a veces ni siquiera esto le salvará...).
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