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Call of Duty 4: Modern Warfare
La Guerra Moderna
Una de las sorpresas de los últimos años llegó allá por el 2003, cuando un desconocido estudio llamado Infinity Ward se sacó de la manga un nuevo juego de acción bélica bajo el nombre de Call of Duty, en una época en la que es muy complicado debutar con una saga nueva y gustar tanto a prensa como a público. Las claves de su éxito fueron un gran apartado técnico, aunado con importantes novedades en un género que llevaba tiempo sin evolucionar. Su trascendencia fue tal, que desde entonces hemos recibido dos secuelas de gran calidad y varios capítulos alternativos para máquinas como PS2, aunque muchos de ellos desarrollados por grupos ajenos a los del juego original. Ahora, más de cuatro años después desde el primer lanzamiento, el propio estudio Infinity Ward vuelve a la carga con la cuarta entrega de la serie principal, olvidando para la ocasión los conflictos bélicos pasados y proponiendo una historia ficticia y contemporánea que nos permite disfrutar como nunca del armamento más avanzado y en varias localizaciones de Europa y Asia.
La historia de Call of Duty 4: Modern Warface nos sitúa en un hipotético escenario, nada descabellado por desgracia, en el que los rusos se encuentran en una incipiente guerra civil, mientras en un país petrolero de Oriente Medio el presidente es derrocado y asesinado por un sanguinario insurgente que, para más problemas, tiene acceso a armas nucleares. El Mundo necesita la intervención de los grupos especialistas mejor entrenados de todos, y en ese momento entramos nosotros en acción. Controlando a un nuevo miembro de los SAS británicos o bajo los controles de Jackson, un soldado de la élite estadounidense, iremos alternando entre misiones muy bien entrelazadas y desarrolladas casi todas ellas en territorio ruso y oriental.
Como es lo que más llama la atención en la primera toma de contacto, comencemos hablando por los sobresalientes gráficos de Modern Warface. Infinity Ward ha conseguido el más difícil todavía, logrando que su nuevo título esté ahora mismo entre los más punteros del mercado en cualquier máquina, y sin requerir barbaridades en el caso de los ordenadores. Con una tarjeta gráfica de gama media podemos ya disfrutar del juego a buena resolución y con buena parte de los efectos en calidad alta. El despliegue técnico realizado tiene difícil comparación con otros FPS bélicos, así que no es descabellado asegurar que estamos ante la mejor recreación de la guerra jamás vista en el género de la acción.
Los escenarios y su muy cuidada ambientación son una de las claves de su sobresaliente aspecto. Variados y cargados de realismo, el gran número de objetos, su física y las detalladas texturas utilizadas aportan mucho a su favor. Dentro de las ciudades de Oriente Medio nos sentiremos realmente inmersos en un combate casa a casa, corriendo entre las calles, parapetándonos entre coches, bidones, sacos y esquinas. Algo parecido sucede en los desolados escenarios de la fría Rusia. Las balas levantan material al impactar, los cristales se rompen, las granadas hacen saltar tierra y aturden. Además, los personajes, tanto aliados como enemigos, están modelados con un elevado número de polígonos, acompañados de muchos detalles. Cierto es que en el caso del bando contrario, el número de modelos distintos es algo limitado aunque resulta bastante comprensible dada su calidad.
Aparte de las excelencias de cada apartado visual, otra de las claves para que el juego resulte tan sobresaliente es su cuidada ambientación, haciendo uso de todo tipo de trucos y efectos gráficos para hacernos sentir realmente dentro de un combate armado en el que no sólo tenemos que sobrevivir, también tenemos que eliminar al enemigo. Humo, estelas, efectos de partículas y blur, etc. Todo está mimado hasta rozar la obsesión, incluyendo el grado de minuciosidad con el que se han diseñado las armas. En conjunto, unos gráficos a los que difícilmente pueden sacársele contras importantes.
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