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Rez HD
Abre los sentidos
Asume por un momento que los sentidos están enteramente a tu disposición. Que no se limitan a decodificar estímulos existentes de una forma preestablecida, sino que ellos son la principal clave de una experiencia sin igual. Obvia todo lo que has visto antes. Prescinde por un momento de todo cuanto crees y deja que el camino a partir de ahora lo marque lo que sientes, no tú. Rechaza los prejuicios, ya que en su privación existe su debilidad.
Esto debió pensar Tetsuya Mizuguchi al plantearse Rez, un programa que va más allá y que mezcla la sinestesia con el arte de la programación, patología ya empleada en sus obras por otros artistas como Juan Ramón Jiménez. Oír los colores, degustar las superficies; una aproximación a la realidad, si es que hay una sola, desde otro punto de vista. Rez es como una droga, te transporta y se realiza a gusto contigo. Y sí, te deja con ganas de más.
A High Trip
Antes de nada hay que advertir que no nos encontramos delante de un juego al uso. La razón de ser de Rez es experimental, apartarse de los convencionalismos y aportar una realidad propia. Y en parte ahí está su gran virtud, no va a gustar a todo el mundo, no es un juego hecho para convencer. Es una obra diferente y que, como tal, merece la pena formar parte de ella. No hay género para una pieza como Rez. Rez es un plato exótico, llamativo, una fuerza tan intensa y absorbente que se pierde en su propia forma de ser. Tetsuya Mizuguchi creó hace unos años para la difunta Dreamcast (con posterior adaptación a PS2) un experimento sensorial que no entiende de formalidades ni de imposiciones, una curiosa experiencia que gozó tanto de detractores como de fieles, pero que no dejó indiferente a nadie.
Para englobar y racionalizar un poco la descripción, a cuenta de que el jugador cree una idea en su cabeza, el juego utiliza un estilo de shooter on-rails similar a Panzer Dragoon Orta. Nuestro personaje Rez debe encontrar, a través de un viaje cibernético, a EDEN, una poderosa Inteligencia Artificial. El protagonista avanza automáticamente y de nosotros depende que llegue sano y salvo a su destino.
Así pues, a través del punto de mira del centro de la pantalla y con un simple botón, seleccionamos los curiosos enemigos a derribar, los cuales se sitúan en cualquier posición en pantalla. Basta con mantener apretado el botón A y pasar por encima de ellos. El sistema permite seleccionar hasta ocho enemigos a la vez, tras lo cual y soltando el botón, el personaje lanza unos rayos infalibles que acaban con ellos. Nuestro personaje se ve afectado por los misiles que lanzan los enemigos y hay elementos a recoger, que se dividen en los que aumentan nuestra vida y los que aportan overdrive, que elimina temporalmente todos los enemigos en pantalla.
Ahora olvidad lo expuesto antes. Rez no debe encerrarse en una descripción así. Así se acerca a la lógica del jugador, pero es un simple pretexto para permitirse adentrarte en su mundo. Cada movimiento que hagamos tiene su respuesta en forma de música, una música electrónica que está ahí para ser moldeada y rediseñada. Cada sonido desencadena un festival gráfico acorde con el mismo que hace que cualquier elemento en pantalla se mueva al ritmo de la melodía, y nuestra habilidad derribando enemigos y recogiendo elementos de pantalla es lo que crea la música, la experiencia de la cual somos testigos.
De modo que Rez permite que todos los apartados del juego fluyan en una misma dirección y que todo se compenetre de una forma magistral según las acciones del jugador. Ello permite ir mejorando a nuestro personaje (el cual cada vez definirá una forma más humana) e ir creando sonidos cada vez más sofisticados. Con un simple botón.
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