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Final Fantasy II Anniversary
Un paso adelante
Un largo y próspero reinado de paz está a punto de concluir. El emperador de Palamecia ha invocado terribles criaturas del inframundo y ha empezado su lucha por la dominación mundial.
Un ejército de rebeldes se levanta en el Reino de Fynn contra los planes del Emperador, pero su castillo cae ante el devastador ataque de las tropas imperiales. Sin muchas más opciones, los rebeldes se ven obligados a realizar una retirada forzosa hacia la lejana ciudad de Altair.
En el caos desatado por esta situación, cuatro jóvenes que el Imperio dejó huérfanos deben huir de Fynn... pero pronto se percatarán de que nadie se escapa de las garras del Imperio tan fácilmente.
Tras una espectacular secuencia FMV donde se nos presenta a Firion, Maria, Guy y Leon, y su derrota a manos imperiales, comienza la acción de Final Fantasy II, un título que pese a estar separada únicamente por un dígito de su antecesor, muestra una evolución notable que lo hace bastante más interesante que Final Fantasy. Desde el argumento más elaborado, el mayor trabajo en el diseño de la personalidad de los héroes, el trasfondo de una cruenta guerra entre Fynn y Palamecia, consiguen crear un lienzo infinitamente más rico que el de Final Fantasy I, que hasta cierto punto podría compararse con Dragon Quest por su desprecio al argumento y a la personalidad de los personajes.
El argumento no es el único aspecto más trabajado de esta secuela, que como sabéis llega a PlayStation Portable con escasos cambios técnicos. Quizás el cambio más atractivo respecto a la fórmula propuesta en Final Fantasy I, reside en la evolución de los personajes, mucho más libre y variada, rica, profunda, provocando que podamos crear personajes bastante diferentes de una partida a otra.
Pese a disponer de unas profesiones de partida, con unas habilidades iniciales marcadas, nuestros personajes son capaces de aprender cualquier tipo de magia, o adaptar y evolucionar sus parámetros en función de sus acciones en combate. De esta forma si nuestro personaje abusa de los ataques físicos incrementa su fuerza, mientras que si trabaja las magias su inteligencia y poder mágico se ven recompensados. Nuestros personajes tienen asociados inicialmente un tipo de armas, como el arco de Maria, las armas de mayor peso para el grandullón Guy, o las espadas de Firion. En cualquier caso podemos modificar esta elección y especializarnos en otros tipos de arma, subiendo nuestra maestría con respecto a los diferentes tipos de arma en función de su uso, o experiencia en combate.
Este mismo detalle se aplica a las magias. Cada personaje puede aprender hasta dieciséis hechizos a un tiempo, no disponiendo de más margen para incluir nuevas categorías, salvo que borremos un hechizo. Cuando acumulamos usos de un hechizo, como por ejemplo Thunder, sube nuestra maestría para con el mismo, aumentando su poder al incrementarse su nivel. Si decidimos hacer hueco a nuevos hechizos, borrando otros, perdemos toda nuestra especialización, por lo que resulta bastante estratégica la elección de los hechizos que determinan la habilidad mágica de nuestro personaje.
Como podéis comprobar, tanto en materia de dominio de armas, evolución de parámetros básicos como defensa mágica, defensa, ataque, inteligencia, agilidad, poder mágico, como con respecto a los hechizos que queremos dominar, el juego ofrece bastante libertad. Podemos decidir crear personajes muy especializados, por ejemplo en ataques físicos, hechizos elementales, curativos, o bien personajes polivalentes, o incluso acumular tal experiencia en combate repitiendo luchas y combatiendo por el mero placer de acumular poder, para conseguir bestias que destaquen en un montón de campos.
Sin duda estos dos hechos, el que el argumento atrape, cojamos cariño a los protagonistas y secundarios, asistamos a trágicas escenas, giros inesperados, unido a la libertad en la evolución de los personajes, sitúan a años luz a este Final Fantasy II respecto a su predecesor.
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