|
|
|
||||
|
|
|
Bueeeeno, hace un par de semanas tuve la ocasión de entrevistar a Salvador Ulayar, representante de la AVT navarra y que vio cuando tenía trece años cómo asesinaban a su padre delante de sus narices. Es mi primera entrevista como (futurible) periodista y es para prácticas, pero creo que ha quedado más o menos bien y el tema es interesante. Trata sobre todo de su historia y de lo que él vivió como víctima de ETA. Sin más dilación, aquí os la dejo (puede que no os interese, pero me hace ilusión ponerla):
Salvador Ulayar, víctima del terrorismo "Mucha gente tenía claro que, si ETA había matado a mi padre, ¡era porque mi padre sería un sinvergüenza!" "En el sitio donde cayó asesinado mi padre colocaron unos contenedores de basura" "El asesino de mi padre es hoy abogado con una carrera regalada, e hijo predilecto de mi pueblo" El 27 de enero de 1979, ETA asesinó al ex-alcalde Jesús Ulayar, padre de cuatro hijos, en el pueblo navarro de Etxarri-Aranatz. Su hijo Salvador, que entonces tenía trece años, estaba junto a su padre cuando cinco balazos le arrebataron la vida. Después, Salvador se encontró solo frente al dolor: nadie dio la cara por su familia ni por la justicia para la memoria de su padre. Es más, el ayuntamiento de Etxarri nombró hijos predilectos del pueblo a los asesinos de Jesús Ulayar y los recibió con honores cuando fueron excarcelados, mientras el pueblo contemplaba todo esto en silencio, o incluso reduciéndolo a un "algo habrá hecho". Hoy, Salvador Ulayar Mundiñano tiene cuarenta y dos años, es representante de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Navarra, y nos cuenta su historia. - ¿A día de hoy, diría que ha superado el pasado? Bueno, tengo mis altibajos, y desde luego aquello me dejó marcado. Pero a nivel de lo que pueda ser un trauma psicológico grave que me pueda impedir una vida normal, sí, diría que lo he superado. - ¿Qué recuerdos tiene hoy de su padre? - Su implicación: mi padre era profundamente creyente y tenía fuertes convicciones sociales. Era una persona que no concebía pasar por la vida sin más. Él se metió en el ayuntamiento porque quería ayudar al pueblo. Esa implicación pública es el recuerdo más vivo que tengo de mi padre, porque me lo encuentro en mí mismo. Y en lo personal, mi padre era un hombre serio, pero de carácter afable y jovial. Y sobre todo, tenía unas convicciones muy profundas. - ¿Fue un alcalde entregado a su pueblo? Sí. Mi padre cogió la alcaldía en 1969 después de haber sido concejal. Una de las imágenes que él solía tener en la cabeza era la de los habitantes del pueblecito que era Etxarri saliendo a trabajar los lunes muy temprano al monte, a Francia o a Guipúzcoa. Y allí podían pasar semanas, e incluso meses. Mi padre quería el progreso de su pueblo para que esta gente no tuviera que emigrar. Fue una de sus grandes ilusiones. Y algo consiguió, como poner en marcha una cámara agraria en Etxarri. - ¿Cómo empezó el ambiente de hostilidad en Etxarri hacia él? - A principios de los setenta comenzó a moverse en Etxarri un nacionalismo vasco que no admitía muy bien a los no-nacionalistas. Empezó a haber cierta presión en el pueblo, e insultos a mi padre. A mí y a mi familia nos llamaban ?españoles?, porque era un pecado horroroso ser español. Pretendían que mi padre, al haber sido alcalde, tuviera posiciones más nacionalistas. Pero mi padre tenía claro que era navarro y era vasco, pero también era español. Y él siempre expresó esto en los ámbitos por los que se movía, creyendo que podría decir lo que quisiera en la misma libertad que él reconocía a los demás. Pero, en el ambiente de odio que ya se había desatado, eso no le granjeó muchas simpatías. Y hasta enero de 1979 tuvo lugar una campaña terrible de difamación y persecución política que sufrimos todos, aunque el que más mi padre, claro. - ¿Cómo la sufrió usted? Ya desde los diez u once años fui insultado en el colegio por ser hijo de mi padre. Había un sector en el pueblo que educaba a sus hijos en ese odio hacia los que no pensaran como ellos. Y ese odio se trasladó a mí y a mis hermanos. Además, veíamos el ambiente que había en el pueblo, y hasta tuvimos pequeñas manifestaciones en la puerta de casa, donde nos gritaban "vosotros, fascistas, sois los terroristas", que era la frase de moda. Y también lo advertíamos en detalles como llamadas o anónimos que llegaban a casa. Todos nos sentíamos vulnerables. - ¿Su padre tenía miedo a que pudiera pasarle algo? Bueno, mi padre era un tipo con muy buen humor, y creo que disimulaba sus sufrimientos. Aunque en su último año de vida ya tenía un carácter difícil: se ponía nervioso y se enfadaba con facilidad. Luego supimos que ya estaba amenazado, que veía que podían ir a por él. Y claro, entonces nadie hacía por protegerte, las escoltas no existían. Pasó miedo, sí. Una de las pocas veces que se le escapó algo delante de la familia fue una ocasión en la que dijo: "Alguna vez, en la puerta de casa, a mí me pegan cuatro tiros". Sólo se equivocó en uno. - ¿Qué recuerda del momento del asesinato? - El instante en el que ocurre es tan atroz que eres incapaz de admitirlo en la realidad, lo vives como un sueño. Pasa en un ambiente viscoso, espeso. Recuerdo a un tipo que se acercaba a toda prisa. Frenó. Se paró a dos metros de nosotros. Disparó a mi padre. Sonaron cinco detonaciones. Y luego huyó en coche. Yo salí corriendo, con miedo de recibir también disparos. Fui a decirle a mi madre lo que había pasado, y luego corrí detrás del coche de los asesinos y les grité... lo que me salió. Y con una impotencia que aún no he superado del todo, allí me quedé. Pasé un miedo horrible en poquísimo tiempo. Y la escena me ha marcado para siempre. - ¿Cómo transcurrieron los días posteriores? - Pasaron un poco como en la irrealidad, entre el entierro y las visitas. Y en el pueblo, en el día a día, parecía que no hubiera pasado nada. Se nos decía que estuviéramos tranquilos y que perdonáramos, pero en los eventos de los nacionalistas se nos insultaba directamente a nosotros. Y nadie nos defendía, nadie daba la cara por nosotros. Sonaba mucho el "algo habrá hecho". Y la gente del pueblo tenía miedo. Si habían matado a uno, podían matar a cualquiera. - ¿Cómo trató de justificar ETA el asesinato de su padre? Era muy fácil. El que no comulgara exactamente con sus ideas nacionalistas era un facha. En el comunicado que sacaron tras matar a mi padre dijeron que era "un hombre de conocida ideología fascista y de actividades antivasquistas". No sé a qué actividades se refería, porque en mi casa se habló siempre el vasco y cuando mi padre fue alcalde se organizaban eventos culturales vascos, e incluso dio las primeras ayudas a ikastolas en toda Navarra. Pero para él, aquello no era más que un movimiento cultural. Con eso, a ETA le bastó para colgarle todos los sambenitos del franquismo y la dictadura. - Ante toda esta hostilidad, ¿se sintió usted solo? - Sí. Las víctimas entonces no existíamos, desaparecíamos. No sólo no hubo ningún acto de desagravio por el asesinato de mi padre, sino que incluso recibimos desprecios como el que colocaran contenedores de basura en el lugar donde lo asesinaron. En el mejor de los casos, la gente se distanciaba. Y así te sientes muy solo. Además, a nivel familiar encajamos muy mal el tema. Nunca hablamos en profundidad sobre lo que pasó, ni sobre cómo lo llevaba cada uno. Eso me terminó costando una depresión años después. - ¿Su madre le ayudó a salir adelante? - Mi madre me ayudó mucho, sí. Su principal objetivo fue mantenerse entera y firme. Solía decir que no podía permitirse el lujo de derrumbarse, porque si sus hijos llegaban a casa y encontraban a una madre hundida y desesperada, a ver qué iba a ser de ellos. Y a mí, con trece años, me hacía mucha falta mi madre. Para mí fue un referente de firmeza, consiguió aguantarlo todo y nunca nos inculcó odio ni venganza. Sólo pedía justicia y que recordáramos a nuestro padre. Durante toda su vida, mi madre fue una mujer extraordinaria. Sin ella, probablemente yo hubiera estado perdido. Es mi gran referente. - Y en el colegio, ¿cómo le trataron? El primer día que volví a la escuela después del asesinato, no había pasado nada. Volví a clase, y sólo un compañero mío, muy brevemente, me dio el pésame por educación. Nadie más. Y las cosas siguieron tal cual. Al curso siguiente me trasladé a Pamplona, y en el primer instituto donde estuve, que determinada gente supiera que eras hijo de un asesinado por ETA era como llevar la estrella amarilla de los judíos. Por ejemplo, una vez un compañero escribió junto a mi mesa con un hermoso rotulador negro: "ETA, más metralleta". Porque sabían que ETA había matado a mi padre, y tenían claro que si ETA había matado a mi padre, ¡era porque mi padre sería un sinvergüenza! Para ellos, ¡ETA estaba bien! Y que eso te lo metan con catorce años sin anestesia... - ¿Conocía a los asesinos de su padre? - Sí, eran del pueblo. Los hermanos Nazábal, Vicente y Juan Nazábal. Vicente fue quien disparó los cinco tiros, y Juan quien le esperó dentro del coche para huir. - Después ha tenido algún encuentro con Vicente Nazábal, ¿no? - Sí, sí. Vicente Nazábal es una persona que no se arrepiente en absoluto de lo que hizo. Me lo he encontrado alguna vez por Pamplona, y cuando te ve se ríe de ti y te hace gestos obscenos cogiéndose sus partes. Él ha sido siempre una persona con una actitud chulesca, que desde bien joven amargó la vida a sus padres, y esto lo ha confesado su propia madre. Pasó dieciséis años en la cárcel y nunca ha tratado de reinsertarse. Además, le regalaron una de las carreras que reparten en la Universidad del País Vasco y ahora resulta que es abogado. Vicente Nazábal ha sido toda su vida un sinvergüenza y no pretende cambiar. Y ahí sigue. Hoy, por cierto, está empleado en el despacho de abogados de Patxi Zabaleta, que es otro sinvergüenza: el que fue fundador de Herri Batasuna (HB), una organización terrorista, que ahora dice que es un demócrata. - ¿Siguió usted de cerca los juicios a Nazábal y a los demás implicados? - Pues no, porque nunca nos enteramos de los enjuiciados. Nadie se molestó en hacernos ofrecimiento de acciones. Ni siquiera en recordarnos que teníamos que hacer una denuncia. Porque, claro, a ti te roban el coche y lo primero que haces es presentar una denuncia en comisaría. Pero a ti te matan a tu padre, ¡y no se te ocurre que tienes que ir a poner una denuncia! No nos pudimos presentar como parte, así que no pudimos pedir la condena o la indemnización que hubiéramos creído oportuna.. Es más, ¡nos enteramos por la prensa!. Se hizo de oficio, por la fiscalía, y en 1980 las penas que se pedían eran muy bajas. Aparte de la cárcel, condenaron a los asesinos a una multa conjunta de siete millones de pesetas. Y, hombre, siete millones de pesetas por la vida de un hombre... - Incluso cuando Vicente Nazábal salió de la cárcel en 1996 fue tratado con honores en Etxarri... - Sí, sí. Lo hicieron hijo predilecto de Etxarri y le dejaron lanzar el cohete que inauguraba las fiestas del pueblo. En un pueblecito gobernado por HB, esto es lo que hay. Lo fueron arrasando poco a poco desde el nacionalismo, y hoy en día es un pocillo de inmundicia. Para ellos, Nazábal es un héroe, un luchador que ha dado años de cárcel por su causa y que ha cometido la gran gesta de matar a un hombre de 54 años desarmado delante de su hijo de trece. Y todo esto permitido por el resto de partidos nacionalistas -Eusko Alkartasuna y Partido Nacionalista Vasco-, que usan sus típicas excusas equidistantes, al estilo de "este no es nuestro debate". - Bueno, en Etxarri se hizo un homenaje a su padre en 2004... Sí, pero Etxarri sigue invadido por el nacionalismo. En aquel homenaje no participó mucha gente del pueblo. Aquello lo organizó una plataforma antiterrorista navarra, y pudo hacerse porque hubo mucha policía protegiéndolo. Los batasunos se pusieron a la contra: obligaron a cerrar a cal y canto persianas y ventanas, de modo que el que abría las suyas estaba marcado. El miedo ata muy bien las cosas. - Y a nivel personal, ¿a usted le aportó algo aquel homenaje? - Sí, a nivel personal me aportó mucho. Me terminó de curar algunas cosas. En la acera donde vi morir a mi padre se quedó pegada una parte de mí, y ese día la rescaté, me la traje conmigo. Tener un reconocimiento en Etxarri a la tragedia, poder decir alto y claro que aquello fue una barbaridad y una inmundicia del nacionalismo, evidentemente cura. - Como representante de la AVT en Navarra, ¿qué aporta con su labor? - Que las víctimas del terrorismo tengamos voz en Navarra. - Desde su experiencia, ¿qué cree que es lo que más ayuda a una víctima del terrorrismo? - La justicia pública. Porque la justicia penal sirve para un delito privado, para quien te roba o te hiere. Pero no le sirve a una víctima del terrorismo, porque el crimen que ha sufrido es político, público. Es decir, a una víctima del terrorismo no le sirve que un terrorista cumpla una condena. Lo que más consuela a las víctimas es que no se cumplan los objetivos políticos de los terroristas, que ni siquiera se camine hacia esos objetivos por los que los nuestros han sido asesinados.
|
|
||
|
____GEX_____
Casto de Sodoma (9636 VJs) |
| 2605 aportaciones |
| Los juegos de ahora no son como los de antes...., menos mal |
|
¿Y con tus pintas de satanico-quema-iglesias-crsitianas no te confundió con un etarra?
Bromas gilipollas aparte, te felicito por tu entrevista. Aun no has terminado la carrera y ya entrevistas a personas reales. Que honor. Te prometo que leeré esto con calma, y aun me falta leer tu relato en el rincón del artista. (jo, macho, no paras de escribir y de ponerlo aquí) Besitoss
|
|
|
||
Mysery
Invocador de Entes Malvados (45847 VJs) |
| 6726 aportaciones |
|
|
Me ha gustado, Frodo, sobre todo porque no le metes componente político de pegote. La historia de este hombre lo ví yo en un documental sobre los asesinatos de ETA y la verdad es que es muy fuerte lo de ese pueblecito y lo que ha pasado después del asesinato.
|
|
Moderador/es de este foro: Byakuya , Yu Suzuki .
Pincha aquí para mandarle/s un e-mail.
|