La leyenda de los Siete Ritos
Nota importante:
El juego se ha resuelto utilizando el personaje Ladrón, sin duda, el más interesante y problemático de todos. Los puntos extra se han asignado a las habilidades "Throwing" -lanzamiento-, "Stealth" -sigilo- y "Lock Picking" -apertura de cerraduras-. No hace falta seguir el orden de las acciones ni los días al pie de la letra. De hecho, aquí se citan los días mínimos necesarios para completar el juego, pero en los niveles altos de dificultad serán necesarios muchos más, pues se pierde mucho tiempo entrenando al personaje para que sea capaz de vencer en los combates. También debe tenerse en cuenta que algunos personajes sólo aparecen en ciertas horas del día, y tras realizar ciertas acciones. La mayoría de los obstáculos relatados son comunes a todos los protagonistas. A lo largo de la guía existen notas donde se informa de las acciones especiales que tienen que llevar a cabo el resto de protagonistas para completar el juego.
Jacob, el juglar, maldijo el vino que estaba embotando su mente y entorpecía sus dedos al rasgar las cuerdas del laúd. Se había quedado en blanco, y el Rey se impacientaba en su trono.
"Viene esa historia, ¿o qué? ¡Nunca había visto un aspirante a cadáver tan predispuesto a serlo como tú ahora!", rió el mavado monarca, mientras despedazaba una jugosa pata de cordero con sus dientes. Jacob ni siquiera podía recordar cómo se llamaba...
Las gotas de sudor que nublaban sus ojos apenas le permitían observar cómo los dos centinelas que permanecían en una esquina se partían de risa a su costa.
Jacob había llegado al castillo en medio de una noche de lluvia, para pedir refugio. Conocía la fama de tirano del monarca, por eso prefirió pasar hambre antes que poner su pellejo a disposición de los dudosos gustos musicales del Rey.
Pero Jacob no contó con los dos soldados que lo atontaron con un par de jarras de buen vino y lo llevaron a rastras ante la presencia del usurpador. La noche aún era joven, y el Rey ya había "despachado" a tres juglares.
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Mi paciencia se está acabando, borracho. -Bramó el soberano entre trago y trago-.
La aturdida mente de Jacob estaba en blanco.
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Esto... Decidme el nombre de vuestro padre, Majestad, y yo os narraré sus inconmensurables hazañas. -Replicó el juglar, para ganar tiempo-.
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Mi padre nació en este castillo, guerreó durante toda su vida y murió bajo la punta de mi daga. ¡Ya me conozco ese cantar, insecto! A ver, el verdugo, ¡donde está el verdugo!
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¡No! Esperad, noble señor, puedo contaros la divertida historia de la hija de una folclórica de Hispania, que se casó con un Guardia Real y...
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¡Mi espada! ¡Que alguien traiga mi espada! ¡Yo mismo le rebanaré el pescuezo!
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¡Dadme una última oportunidad, mi Rey! Creo que ya lo tengo. Os cantaré las crónicas de la Isla de Marete. De cómo fue masacrada por un dragón e invadida por una horda de monstruos, a la que sólo un astuto ladrón supo hacer frente.
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Está bien. Continuad. Pero como no me guste...
Jacob se aclaró la garganta, acarició su laúd, y se dispuso a relatar la mejor leyenda jamás glosada. Su vida dependía de ello.