La subsaga Outbreak
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Cuando se conoció la existencia de este proyecto las expectativas puestas en él por los amantes de la saga, fueron muy elevadas por una promesa que hizo Capcom como reclamo: el primer Resident Evil Online. Pero cuando se promete una sola cosa y no se cumple solo puede esperarse una decepción. El primer Outbreak nos llegó a finales de 2004, y el segundo un año después.
Si nos olvidamos de promesas incumplidas (en occidente), tenemos un juego que no parece un Resident Evil, sino más bien una especie de
Reality Show basado en los angustiosos momentos que debieron pasar los ciudadanos durante su infierno por culpa del virus T. Tendremos un policía, un ex miembro de los Stars, una camarera, una mujer científico de origen oriental bastante más importante de lo que parece, un doctor, un fontanero, un guardia de seguridad, una periodista... Personas normales en una ciudad normal sin más pretensiones que sobrevivir a una Racoon invadida por los zombies. Además, cada personaje tiene sus habilidades y su propia historia, lo cual aporta una rejugabilidad bastante alta. Aunque los escenarios son los mismos y el juego está basado en las mismas misiones que sólo cambian en la forma de avanzar y de resolver los puzles.
A pesar de haber pocos escenarios, cada uno de ellos podría ser considerado como un sub-juego. En todos hay puntos de guardado y jefes, momentos críticos finales que concluyen salvando a nuestros personajes, con lo que hay para un ratito. Podría llevarnos dos horas concluir una misión y esto hace que por cada personaje la duración se eleve a unas diez. El poder rejugar con los demás con sus distintas habilidades y armas puede multiplicar por ocho la duración de cada título, sin contar con los niveles de dificultad.
Los escenarios son tan normales como sus protagonistas: un hospital, un bar, una estación de tren, una universidad o el lugar más llamativo, el zoológico de la segunda parte. Pero será difícil que pasemos miedo en ninguno de los dos juegos.
Veremos enemigos clásicos de la saga (Tyrant, el monstruo del brazo de tamaño familiar) y otros nuevos como una especie de hombre hecho de cucarachas al que nunca podremos matar hasta el final del capítulo, y nos incordiará por todo el hospital. Nos acompañarán siempre dos compañeros por los que debemos velar para que sobrevivan.
Gráficamente es uno de los mejores Resident Evil. Su manejo es en 2D en lugar del clásico gira y avanza, y aunque las cámaras son fijas, todos los escenarios son en 3D.
Los personajes, en general se mueven con soltura, aunque algunos serán muy lentos. Todos tienen un modelado muy bueno y unas animaciones bastante realistas. Podrán usar desde pistolas hasta palos de escoba. Les veremos correr velozmente cuando están sanos o bien arrastrarse como puedan cuando están moribundos, así como todos los estados intermedios. Los objetos no se perderán al soltarlos, y al igual que en Resident Evil Zero, los veremos en el mapa de modo que siempre podremos volver a buscarlos allí donde los dejamos (si ningún compañero decidió llevarlo, claro).
El segundo capítulo Outbreak salió con el modo online en Europa (el primero no lo incluía en nuestro continente), y mientras en la primera parte sólo se podía jugar a los niveles que previamente habíamos superado, en la segunda se nos brinda la ocasión de jugar a cualquier misión en cualquier momento con cualquier personaje. Lo cual no es bueno de cara a la continuidad del argumento y demuestra que donde el primero al menos tenía algo (un guión), el segundo carece de él por completo. Para comunicarnos con los demás (personas reales o IA) se limitó nuestro lenguaje a 4 sencillas palabras (sígueme, quédate, ayúdame, gracias). Esto, aunque permite que un usuario japonés y un español puedan jugar sin problemas de comunicación, es a todas luces insuficiente para dar verdadera sensación de compañerismo.
En resumen, aportó el anhelado modo online (en occidente, ya que el primero sí fue online en Japón) y el desenlace de las historias. El sabor a expansión fue su peor lacra, ya que ambos juegos debieron ser uno solo para poder considerarlo un título a la altura del resto de la saga.
Los que busquen precisamente ver la catástrofe de Raccon City desde los ojos de personas normales lo disfrutarán y lo considerarán un capítulo indispensable. Pero los que echen de menos a Leon S. Kennedy, Ada Wong, Jill Valentine, Claire y Chris Redfield, solo se pueden llevar una terrible decepción.