
Calvo y con un código de barras en la cabeza. No hace falta decir nada más para saber de quién hablamos. Quizás algunos no sepan su nombre (más bien su código en clave), pero su imagen es todo un icono dentro del mundo de los videojuegos. El Agente 47 es el asesino perfecto: discreto, anónimo y letal. Un auténtico fantasma que es el terror de cualquier criminal.

La historia de
Hitman se remonta a los años 90, incluso antes de que IO Interactive existiera. Los primeros desarrolladores del juego estuvieron trabajando en una empresa llamada Zyrinx en territorio americano. Tras un par de proyectos terminados, la empresa madre, Scavenger, cayó en bancarrota y quedaron huérfanos en un país que no era el suyo, por lo que decidieron volver a casa, a Dinamarca. A este grupo se le unió Jacob Anderson, otra víctima de Scavenger, quien ya había colaborado antes con ellos. Su objetivo inicial era un juego llamado
Rex Dominus, un mundo abierto
online multijugador con una ambientación de fantasía. Para este propósito se crearon dos nuevas empresas, Reto-Moto e IO Interactive. La primera terminó muriendo, al igual que
Rex Dominus, por ser demasiado ambicioso. Por suerte, IO Interactive sobrevivió y comenzó un proyecto que sí podían llevar a cabo. El protagonista sería un "calvo con un traje pegando tiros en un restaurante chino" con influencias de películas de acción asiáticas como
Hervidero (
Hard Boiled) y
El asesino (
The Killer). De esa prematura idea se llegó a la de un clon diseñado para ser el asesino definitivo. Gracias al ficticio cromosoma humano número 47, consiguió una inteligencia y una fuerza sobrenatural, además de su nombre en clave. El código de barras en la nuca refuerza la sensación de que es un producto de laboratorio.
Según la descripción que acabamos de dar, parece como si ya tuviéramos al Agente 47 que hoy en día conocemos. Nada más lejos de la realidad. Con un pequeño vistazo a la portada de
Hitman: Codename 47, primer juego de la franquicia, nos damos cuenta que no se parece en nada al actual asesino. Dicho aspecto se lo debemos a David Bateson, actor que, además de prestar su voz al agente, también le dio su apariencia.
La situación al comenzar el desarrollo de
Hitman era un tanto peculiar. La industria finlandesa de videojuegos no estaba muy boyante por aquella época y la propiedad de IO Interactive estaba dividida entre los propios trabajadores (siete en total) y la distribuidora de películas y televisión, Nordiskfilm, mitad y mitad para cada uno. Sin embargo, necesitaban un apoyo mayor para la nueva franquicia que tenían en mente, así que Eidos les tendió la mano y puso al mando a Jonas Eneroth, productor de de
Thief: The Dark Project. Fue entonces cuando
Hitman cambió de enfoque y se dejaron atrás todas las influencias del cine de John Woo y similares. El tiempo bala y las orgías de violencia se desecharon por un toque más táctico e inteligente. Éste también fue el momento en el que otro personaje clave de la franquicia entró en juego: Jesper Kyd, quien estaba trabajando como
freelance en su estudio personal en Manhattan, Nano Studios. Casualmente, él también había perdido su trabajo por culpa de Zyrinx. Kyd llegó para quedarse, ya que ha trabajado en todos los juegos de
Hitman, salvo en su última entrega,
Absolution.