
|
"Además, la narrativa es impecable: por deformación profesional tiendo a adelantarme a los acontecimientos de la trama: en Zelda sólo he acertado una vez, porque la narración está llena de giros inesperados", explica Freire. Y el jugador se siete participe de esa narración. El ritmo se modifica a medida que avanza el juego, desde esa aldea originaria y pacífica a los parajes más remotos y peligrosos. El entorno varía, y nuestro héroe cambia con él: Link madura, el mal puede ganar, los sabios como el árbol Deku, envejecen y mueren...
Ésa ha sido una de las razones por las que a la actriz Diana Palazón ya le gustaba jugar a Zelda. "Cuando me decido por un proyecto profesional valoro mucho que el personaje que voy a interpretar tenga un arco dramático, que sufra una evolución a raíz de la historia", explica la actriz, "y me pasa lo mismo cuando decido a qué dedico mi tiempo libre, por eso me gusta tanto Zelda". Link es un personaje que vive apaciblemente en su pueblo y de repente, se ve en la necesidad de actuar, perseguir el mal y de hacer ese viaje alucinante que le hará evolucionar. "El Link que acaba el juego no es el mismo que el que lo empezó y la forma de narrarnos y hacernos vivir ese cambio es digna de los mejores guiones", remata.
El entorno, además, ayuda a hacer creíble esa historia: tanto los caracteres con los que te encuentras como los lugares que descubres. "Hay personajes de los que no te fías o que te despiertan una fe ciega y eso lo consigue con detalles pequeños, como una risa demasiado insistente y aguda o la expresión de los ojos", dice Palazón, "y todo dentro de un universo muy cuidado, donde si miras al cielo de noche ves las estrellas o distingues perfectamente por el sonido si caminas sobre hierba o sobre tierra".
Sin embargo, lo que más convence a la actriz es que la inteligencia prime sobre la fuerza bruta. La primera vez que se enfrentó a un enemigo poderoso, una enorme planta carnívora, optó por el ataque a ciegas. "Fracasé una y otra vez hasta que me di cuenta que tenía que pensar en cómo vencerle antes de atacar", recuerda, "de hecho, muchas veces, cuando me topo con una dificultad aparentemente insalvable, dejo de jugar, me echo a dormir... y al día siguiente tengo la solución".
Tres generaciones de mujeres, con experiencias de juego muy diferentes, coinciden en lo mismo: Zelda es una magnífica historia donde lo que de veras importa es la materia gris... ¿cómo es posible resistirse?
The Legend of Zelda: Phantom Hourglass retoma la historia donde la dejó The Legend of Zelda: Wind Waker. El reino de Hyrule ha desaparecido bajo las aguas de un diluvio universal. El joven Link, que dejó su aldea de pescadores para enfrentarse al malvado Ganon y rescatar a la reina pirata Tetra (que no es otra que la Princesa Zelda del reino caído de Hyrule), ahora navega en busca de nuevas tierras. En su exploración, se encuentran un área de densa niebla que esconde un solitario barco fantasmal que Tetra no duda en abordar... ¡Pero es una trampa! El navío zarpa con la princesa a bordo y Link tiene una nueva misión. Sin embargo, para rescatar a Zelda tendrá que hacerse primero con una antigua reliquia? el Reloj espectral.
Sin embargo, el desarrollo de la nueva aventura de Link depende más que nunca de las decisiones del jugador. Hyrule permanece inundado y el jugador será libre para navegar mientras traza las cartas náuticas que le permitirán acceder a las nuevas mazmorras que se adentran en las profundidades del juego. En sus viajes, además, podrá "tunear" el barco a su antojo para adaptarlo a su estilo de juego.
Y la diversión no se acaba cuando el jugador rescata a Tetra. The Legend of Zelda: Phantom Hourglass incluye un modo multijugador que permite enfrentamientos entre dos jugadores, ya sea en Internet mediante la Conexión Wi-Fi de Nintendo o por conexión inalámbrica. Un jugador, que asume el papel de Link, tiene como objetivo recopilar tantos puntos como pueda llevando cristales de poder a su base, mientras que su oponente controla a los espectros que intentan arrancar el preciado tesoro de manos de Link.
|

|