Al principio del pasado año el estudio Bohemia Interactive nos deleitó con uno de los simuladores bélicos más reales de los últimos tiempos y una actualización a gran escala de su anterior título: Operation Flashpoint. La experiencia militar y la profundidad táctica de ArmA: Armed Assault era tal que actualmente muchos países utilizan este título en sus entrenamientos especiales de combate. Y no es para menos, ArmA nos ofrece un conflicto bastante creíble entre las fuerzas norteamericanas y un ejército comunista en una amplia e imaginaria isla llamada Saharani. 400 Km. en los que podremos encontrarnos con una amplia variedad de terrenos, desde montañas a desiertos, bosques o poblados, en los que utilizar la amplia selección de batallones, armamento y vehículos con los que cuenta el juego, todos reales y tanto civiles como militares.
Como buen juego de acción, el título cuenta con un modo de entrenamiento para los menos asiduos al género, una serie de misiones individuales y el modo campaña aunque en todos ellos el desarrollo es básicamente idéntico, manejando a un jefe de escuadrón que puede dar numerosas órdenes a su equipo para acometer las diferentes estrategias y objetivos del juego. No obstante donde más despunta el juego es en su vertiente multijugador, para hasta un máximo de 100 jugadores simultáneamente y con la posibilidad de contar con personajes no jugables en nuestro equipo y poder comunicarnos con voz con otros grupos. Si todo esto se queda corto ArmA también cuenta con un editor de escenarios para el modo individual y el multijugador con unas herramientas más que suficientes.
Técnicamente el juego de Bohemia Interactive consiguió sorprender gratamente por los vastos terrenos que ofrecía, junto con unos efectos visuales muy bien recreados y un alto nivel de detalle en todos los objetos. Algunos detalles como la iluminación o las constantes explosiones que aparecían en pantalla hacen que el juego sea digno de ver. Pero todo tenía un precio y es que el juego requiere un potente equipo para dar todo de si (aunque accesible a estas alturas) y ciertos aspectos como la falta de interactividad con el escenario o la inteligencia artificial de los enemigos eran algo mejorables.
Por último, el ligero retraso que tuvimos los europeos con nuestra versión se vio compensando con algunas características exclusivas, como nuevos aviones, vehículos, armas y una misión nueva. Sin duda un título muy a tener en cuenta por los seguidores de la acción táctica y bélica.
El nuevo título de los estudios Irrational Games -ahora 2K Boston y 2K Australia- puede erigirse fácilmente, además de cómo secuela espiritual de System Shock 2 (de los mismos creadores aunque la licencia está en propiedad de EA), como uno de los mejores juegos de acción, no solo del año pasado, sino de todos los tiempos, gracias principalmente a su gran libertad de acción, espectacular desarrollo, impresionante ambientación y una historia que estremece, apasiona y a la que sólo su final, algo áspero, se le puede achacar. Al igual que dice uno de los primeros carteles del juego: bienvenidos a Rapture.
Bioshock cuenta la aventura de un desconocido protagonista que se estrella en el Océano Pacifico en la década de los 60. Solo y desesperado, se ve obligado a refugiarse en un faro el cual es además la entrada a una misteriosa ciudad submarina: Rapture, urbe surgida a partir de las creencias de Andrew Ryan, un visionario obsesionado con la ciencia. Una utopía actualmente devastada por una sangrienta guerra entre sus habitantes por culpa de una sustancia llamada Adam que otorga ciertas características extraordinarias a sus consumidores. Esta historia cautivadora llega a durar cerca de las 10 horas, algo escasas, pero que resultan muy apasionantes y dramáticas.
Para sobrevivir y descubrir todos los enigmas de esta ciudad contamos con un variado arsenal de armas algo convencionales dado que la verdadera esencia del juego son los diversos y variados plásmidos, una especie de alteraciones genéticas otorgadas por el Adam, tales como la telequinesia, el lanzamiento de rayos, fuego, el control de otros personajes, etc. Su control en todo caso es idéntico al de las armas y siempre es una delicia jugarlo, ya sea con el teclado y ratón como con un pad. También, para mejorar las habilidades de nuestro personaje, podemos encontrar durante la aventura una serie de tónicos y sustancias, otorgando así al desarrollo de Bioshock ciertos aspectos de un juego de rol.
También, en muchas ocasiones del juego, encontramos una serie de sistemas de defensa que podemos piratear para conseguir algunas mejoras o nuevos tónicos. Su sistema de hackeo es muy sencillo y divertido y se basa en un mini-juego parecido al clásico Pipe Mania. Con todo esto Bioshock, aunque se estructura como muchos otros shooters del mercado, ofrece unas altísimas cotas de libertad de acción y una lograda ambientación pocas veces conseguida en un videojuego.
Las decisiones morales, por ejemplo, que toma nuestro protagonista en ciertos momentos de la aventura no son sino uno de los muchos grandes aspectos que hacen tan notable el título de Irrational Games. La gran variedad de enemigos, su alta inteligencia artificial, sus increíbles armas y poderes, sus logradas animaciones, los diálogos que inundan las calles de Rapture, los personajes que va encontrando el protagonista durante su aventura o incluso la crítica a nuestra actual sociedad son algunos de los demás grandes puntos a tratar en Bioshock, todos ellos cuidados al máximo y con un aspecto gráfico que marca un importante punto en este género.
No solo la extraordinaria recreación del agua destaca en el título de Irrational Games, su espectacular puesta en escena, con una más que acertada dirección artística (basada en películas de terror de cine B) y su más que notable física de los objetos y los gigantescos escenarios hacen que más de una ocasión el jugador se pare únicamente a observar su alrededor, a deleitarse con una única sensación que pocos juegos pueden ofrecer. En el aspecto sonoro el compositor Garry Schyman aporta su gran arte con unas acertadas y sobrecogedoras melodías que, junto con unos notables efectos sonoros y un buen doblaje, ponen la guinda al gran pastel que es Bioshock. Quizás su exigente desarrollo, no apto para los menos pacientes, sea el único punto negativo de uno de los mejores juegos del 2007, y más concretamente de los shooters; una cautivadora experiencia que pocos seguidores del género deberían dejar escapar.