María: Nacida de un deseo
Cuando me desperté, estaba sola. Todos se han ido...¿Es por culpa de esos monstruos? ¿Qué hago ahora? ¿Lucho y vivo? ¿O dejo que esos monstruos me maten? No tengo ninguna razón para seguir viviendo, pero...pero tengo miedo de morir, tengo tanto miedo del dolor. ¿Debería huir? Quiero encontrar a alguien...no me gusta estar sola...pero....¿queda alguien vivo?
En su camerino, María se debate entre quitarse la vida o seguir viviendo. Sin saber que hace aquí, sin siquiera saber quien es, María sale a la búsqueda de otro ser humano con el que tratar. Tras poco caminar, a la puerta de una mansión ve el cuerpo de un hombre asesinado por los monstruos, y comprueba que la entrada a este lugar está abierta. María no duda en entrar, y tras una puerta cerrada le contesta la voz de un hombre bastante desagradable, que asegura que está bien que el pueblo esté desierto, de forma que a él no le molestará nadie. María duda unos segundos antes de decirle su nombre (Recordemos que María acaba de nacer, antes era un demonio sin nombre, y es a partir de este momento en el cual asume su identidad como María). El hombre se presenta como Ernest Baldwin, y le pide a María que le deje tranquilo. María se aleja de la puerta y explora la mansión, encontrando varias pizarras en las que se desciben objetos sagrados, los cuales son los mismos que requiere James en su segunda partida para conseguir. Dos de los objetos aparecen en una especie de jardincito con una lápida de Amy Baldwin, mientras que la pizarra de "Crimson vial" está abajo, en el salón. Esto representa que Ernest ha conseguido los dos objetos, pero que todavía le falta el último. Todos los que hemos jugado al juego por segunda vez consiguiendo el final "Rebirth" sabemos que los objetos descritos en la pizarra son necesarios para devolver a Mary a la vida al final. ¿Estaría planeando Ernest una resurrección?
María entra en una sala que parece ser la de una niña, y viendo un osito, piensa que le gustaría de regalo a Laura, para luego preguntarse de que Laura habla. En ese momento entra la pregunta...¿Cómo puede María conocer a Laura? La respuesta es que Laura pertenece a la memoria de Mary, y Silent Hill le está dando esa memoria a María. Esta reminiscencia aparecerá de nuevo en el laberinto tras la cárcel, en el cual James verá como María comienza a hablar como si fuese Mary, manteniendo un tono de voz distinto hasta el momento en el que se acerca a James a decirle "yo no soy tu Mary".
Unos gritos llevan a María a la sala de arriba, donde descubre una tarjeta de feliz cumpleaños escrita por Amy. Decide bajársela a Ernest, y a partir de ahí descubre que la Amy era hija de Ernest, y que esta murió antes de entregarle la tarjeta, según dejan a suponer, cayendo por la ventana. Ernest pide entonces a María que esta se dirija a los apartamentos Blue Creek a por el último elemento que necesita para el ritual, dado que él no puede. Cuando la chica regresa, la voz tras la puerta le dice que se ande con ojo con ese tal James, que es un hombre malo, y que recuerde lo que este hizo. María entonces recuerda a James como una reminiscencia, y reconoce que su destino es ir a conocerle, sin saber todavía el porqué. Cuando abre la puerta para darle su objeto a Ernest, encuentra una habitación vacía. En efecto, Ernest es el cadáver que se encontraba en el porche de la mansión, y por tanto murió antes de poder completar el ritual de resurrección de su hija, requiriendo así de otra persona para recibir el último elemento. Como espíritu y conocedor de la naturaleza oscura de Silent Hill, Ernest sabe de la verdadera naturaleza de María, y de todo lo que ocurre en el pueblo. De tal forma, Silent Hill le envió a María para que Ernest le diese una orientación en el camino a seguir, y a cambio recibiría su preciado objeto de María.
Al salir de casa de Ernest, María, sabiendo que este es un fantasma, duda si suicidarse, lo que nos demuestra de nuevo que ella no conoce su naturaleza. Sin embargo, desiente y va a la búsqueda de James Sunderland. Le esperará en el parque, y de ahí en adelante, el resto lo conocemos todos...